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INSTITUTO CIENTIFICO Y LITERARIO
MISION
Conformar una comunidad académica
vivificada por Cristo Jesús,
con la intercesión de la Virgen María
y bajo el patronazgo de Santa Teresita
del Niño Jesús y de la Santa Faz.
Recibiendo con generosidad y realismo
a los pequeños y jóvenes Cristos
que el Buen Dios nos confía,
nuestra comunidad académica
apoyará a sus Familias
para formarlos en el Amor y en la Verdad
y desarrollar sus talentos
y carismas personales. |
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1. La Iglesia es la comunidad visible e invisible de personas creyentes en la fórmula Trinitaria desplegada en el Credo, que hace suyos los siete deseos manifestados en la oración dominical que Jesús enseñó a sus discípulos y que actúa bajo la inspiración de la suma de la Ley y los Profetas señalada por Cristo Jesús: amar a Dios sobre todas las cosas con toda la fuerza de la personalidad y amar al prójimo como a uno mismo. La Iglesia, comunidad viva de personas, para hacer suyo el Sermón de la Montaña y el mandamiento nuevo - amar como Jesús nos ama - requiere de la infancia espiritual: del sentimiento de la humildad y de la confianza absoluta en el Buen Dios. La comunidad de creyentes del misterio Trinitario, deseosa de las promesas de la oración dominical y que actúa bajo la Ley del Amor, necesita abrirse al Espíritu Santo para que obre lo que a los ojos humanos parece imposible.
2. La Iglesia, Comunidad de comunidades, tiene un cuerpo material - instituciones y tradiciones - que sirve a su Espíritu - la comunión de las almas en el Espíritu Santo. Desarrollándose orgánicamente, la Iglesia, alma del mundo, tiene la misión de espiritualizarlo. Se manifiesta plenamente en las parroquias, en las familias, en las órdenes religiosas, y en general, en donde dos o más personas bajo la inspiración del Espíritu Santo, conforman sus vidas en Cristo Jesús.
3. También las instituciones sociales, como los centros de enseñanza, pueden ser reflejo de la Iglesia. Siendo comunidades académicas, sus fines no se circunscriben tan sólo a la impartición de conocimientos, habilidades, actitudes y valores necesarios para reproducir y mejorar las condiciones materiales de la vida social, sino que tienen en sus manos la responsabilidad de formar personas plenas, concientes de los misterios de lo Sagrado, de lo Trascendente, de las relaciones personales Yo-Tú, y de la finalidad última de todo lo creado para ser todo en el Amor absoluto e infinito. En suma, de crear las posibilidades de una Civilización del Amor.
4. Al elegir la vocación de comunidad académica católica, el Instituto Científico y Literario - Maestros, Alumnos, Familias y Amigos - se abandona a la inspiración del Espíritu Santo para que sus recursos materiales y humanos impulsen sus labores sociales y espirituales. Cabeza de su pequeño cuerpo es Cristo Jesús, Señor de todo lo creado; siguiendo su divina enseñanza invocamos al Padre misericordioso para que su Reino more en nosotros y se cumplan las promesas del Sermón de la Montaña. Apegados a la tradición católica, pedimos la intercesión de la Virgen María, Madre nuestra, para que nos guíe siempre hacia su Hijo y nos recuerde su buen consejo: "Hagan lo que El les diga". Finalmente, el Instituto Científico y Literario se adhiere a la "comunión de los santos", privilegiando como su patrona a Santa Teresita del Niño Jesús y de la Santa Faz.
5. Mujer inteligente y bella, su corta vida de veinticuatro años, se desarrolló en un ambiente familiar de plenitud cristiana, y desde sus quince años, en la Orden de Carmelitas Descalzos, donde la dinámica de la Gracia la llevó a la Santidad. Su alegría, su abandono a la Divina Providencia, su adoración del Dios Misericordioso, su confianza absoluta en el poder de la oración, su apertura a los extraños haciéndose prójimo del carente de Amor, su visión profética de una Iglesia siempre vital llevando el Evangelio a los contextos cambiantes de la Historia, y en fin, su vocación personal de ser en el Cuerpo Místico de Cristo, el Corazón Amor, nos deslumbran y conmueven, al grado de solicitar su protección para nuestro pequeño barquito, pidiéndole con humildad su intercesión, para que lo convierta en una parábola del Amor y de la Esperanza.
6. El Instituto Científico y Literario abre sus puertas con generosidad. La generosidad es una virtud vinculada a la nobleza; una actitud de disponibilidad permanente para dar en abundancia los tesoros de Cristo Jesús a todos aquéllos que piden ser recibidos en nuestra comunidad. Algunos, llamarán a nuestras puertas atraídos por las cualidades que emanan de nuestra vida académica; con generosidad serán tratados. Otros, vendrán a nosotros porque las puertas de las demás casas de enseñanza se les han cerrado; con generosidad serán aceptados. Unos y otros serán invitados a pasar a nuestro hogar académico, llamándolos
por sus verdaderos nombres: hermanos en Cristo Jesús. Compartiremos con ellos lo mejor de nosotros mismos y descubriremos en ellos el inventario de riquezas que Nuestro Señor les otorgó para que lo donen con generosidad a los demás. Serán recibidos con realismo: sólo la Verdad nos hace libres, pero una Verdad que no puede desligarse de la Caridad. Realismo cristiano que nos ayuda a situar a la persona en Cristo Jesús; que nos alienta a guiarlo gradualmente hacia opciones de vida de mayor plenitud y riqueza.
7. "Mira que estoy a la puerta llamando. Si uno escucha mi llamada y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo" (Ap. 3, 20). Cada persona que pisa el umbral de nuestro Instituto es Cristo mismo: los niños, pequeños Cristos; los muchachos, jóvenes Cristos. Al recibirlos - sin olvidar a sus familiares, Cristos adultos - tenemos la oportunidad de pedir a Jesús que nos impulse a realizar las obras de misericordia espirituales y corporales por las que seremos juzgados al final de los tiempos: instruir, aconsejar, consolar, confortar, perdonar, sufrir con paciencia y dar techo a quien no lo tiene. Viendo en nuestros niños y jóvenes, a Cristo mismo, los veremos llenos de luz aunque aparenten oscuridad. Siendo Cristo Jesús cabeza de nuestra comunidad, transfigurará a sus miembros y nos veremos todos como Dios nos ve: como seres para la resurrección. Tratar a la persona como a Cristo mismo nos traerá la recompensa por excelencia: Jesús mismo estará en nuestra alma sedienta, generando ese manantial que no acaba nunca.
8. Los creyentes en Cristo Jesús sabemos que no hay casualidades en la vida. Cada situación existencial es sagrada, y aunque a veces no lo alcancemos a comprender, tiene una razón de ser. El Dios del Amor, nuestro Padre verdadero, nos envía a esas Familias diversas de nuestro Instituto. Es el Buen Dios quien nos confía a sus hijos y que nos dice: cuidad de ellos como si fueran lo más valioso de mi Reino. El Buen Dios los conduce a nuestra comunidad académica para que los recibamos con los brazos abiertos; para que con ellos elaboremos diariamente las parábolas del Reino de los Cielos. Los niños y jóvenes que cruzan el arco de nuestra puerta son la perla fina, el dracma perdido, el tesoro enterrado en el campo. El Buen Dios nos dice en ellos: ¡Alegraos, les estoy enviando lo mejor de mi casa! Sí, Cristo Jesús lo dejó indeleblemente establecido: "El que recibe a esta persona en mi nombre, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió" (Lucas 9, 48); "cualquiera que le dé de beber un vaso de agua a estas personas porque son de Cristo, yo les aseguro que no quedará sin recompensa" (Marcos 9, 41).
9. Toda comunidad académica, aunque esté inspirada en Cristo Jesús, no puede sustituir a la Familia, Iglesia doméstica. En el hogar se forma lo más importante de la persona: su corazón. Por ello, aspiraremos a complementar la formación familiar, siguiendo el principio de subsidiariedad. Cuando las familias no sean capaces de realizar sus funciones, el papel de una escuela católica debe llevarla a redoblar su Esperanza y sus esfuerzos en el Amor y en la Verdad.
10. En todo caso, será el Amor el guía de nuestras acciones. Sin descuidar la educación en la Fe y en la Esperanza, la formación en el Amor será nuestro sello distintivo. Nuestro lema institucional define nuestra más profunda vocación comunitaria: Amar como Jesús nos ama. La Ley y los profetas fueron resumidos por Cristo Jesús con dos diáfanas afirmaciones - sí, al amor absoluto al Padre Misericordioso, y sí, al amor al prójimo, amándolo como a nosotros mismos. El Dios al que debemos amar con todo nuestro ser es trascendente e inmanente y se distingue de todo ídolo material, pues nuestro Padre "está en los Cielos", es el Padre cuya Misericordia supera toda Justicia. Amar al otro, es hacerse uno prójimo del Tú: no esperar pasivamente, sino acercarse al rostro del hermano y descubrir en él, a Cristo. Nuestro lema institucional plasma el mandamiento nuevo que Jesús dictó a sus discípulos en el Evangelio de San Juan: implica ir más allá de la antigua Ley porque no se nos pide amar al otro con nuestras fuerzas, sino con la fuerza de Cristo mismo. Para lograrlo, es necesaria la virtud de la humildad en su doble vertiente de pequeñez y de abandono: la infancia espiritual para recibir el Reino de Dios - el espíritu Santo - y poder amar así al otro, como Jesús nos ama. Cada quien, según se lo dicte el espíritu, plasmará su Amor peculiar, levantándose con humildad en cada caída y asumiendo plenamente cada imperfección; cada día esforzándose en ir navegando bajo la brisa del Buen Dios. El ejemplo amoroso de los adultos será la levadura ordinaria que imbuya el amor en nuestra comunidad; pero será el ejemplo amoroso de los niños y jóvenes la levadura fina que realce aún más el Amor no sólo en nuestra comunidad académica, sino en nuestros hogares. Y si el Amor está centrado en Cristo Jesús, está atado a la Verdad.
11. El Instituto Científico y Literario desarrollará los talentos humanos que el Padre haya prodigado a cada uno de sus hijos. Estará atento al carácter y temperamento particular de cada persona, haciendo florecer sus capacidades singulares - habilidades, conocimientos, actitudes, valores - con pleno respeto a la pluralidad del fenómeno humano. Cuidará que en sus miembros exista un solo denominador común: el Amor y el uso de los talentos personales para el bien común. De la misma forma, con el apoyo de sacerdotes y religiosos, y con la especial intercesión de la Virgen María, nuestra Madre, se creará un clima adecuado para el despliegue de los carismas que el Espíritu Santo haya otorgado con gratuidad a cada uno de los miembros de nuestra comunidad académica. Fomentando la oración, los Sacramentos de Reconciliación, Eucaristía y Confirmación, y la lectura y meditación de la Palabra, buscaremos vivir cada día, un día evangélico.
12. Finalmente, el Instituto Científico y Literario es una comunidad de personas. Por lo tanto, respetará la libertad y la conciencia de sus miembros, buscando siempre su rostro, para ver en cada uno, un fin en sí mismo, trascendental y sagrado. Animará siempre el diálogo que transfigure el "ser para sí" en el "ser para el otro". Siguiendo a San Agustín, irá de lo exterior a lo interior y de lo interior a lo superior; verá así lo Luminoso de cada ser, sabiendo que lo Numinoso está en la profundidad más insondable de la persona. |
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